domingo, 21 de noviembre de 2010

ESCAPE CON UNA SOPRANO

A Arturo Alessandri Palma nunca le temió a los riesgos que involucraban sus atrevidos amoríos. Como le ocurrió en 1935, cuando tenía 65 años, y llevaba tres en años en La Moneda, en su segunda Presidencia.

Luego de las largas Fiestas Patrias, los reporteros de La Moneda fueron informados que el Presidente de la República, aquejado de una ligera indisposición, guardaba reposo en las dependencias de palacio.

Pero no estaba allí. Como en una novela por entregas, había desaparecido. Sólo su secretario, el jefe de la policía civil, y algunos amigos juramentados, conocían la sentimental verdad. El León se había encantado de Pina Gatti, la soprano italiana que cantó Tosca y El trovador en la temporada lírica. Muy galante, y también como un caballero, decidió ir a dejarla a Buenos Aires.

En el mismo tren, en el vagón de los coches dormitorios, hubo que instalar dos guatones de la Novena Administrativa de Investigaciones, la policía política, conocidos como los guatones por ser todos anchos como “roperos de tres cuerpos”.

Fue el secreto mejor guardado, poniendo a prueba los nervios de sus más cercanos, que temían que si la oposición se enteraba pudiera lograr que se declarase vacante el cargo, pues entonces el Presidente requería de la autorización del Parlamento para ausentarse del país.

domingo, 14 de noviembre de 2010

FEDERICO I: INTRIGANTE Y MACUCO

Federico Errázuriz Zañartú, gobernó el país desde 1871 hasta 1876. Casado con Eulogia Echaurren García-Huidobro, con la que acaparaba cuatro conspicuos apellidos y reunía nueve erres, más vascos, imposible. Ella sufrió por las actitudes zigzagueantes de su marido, de quien nunca se sabía si estaba con los conservadores o los liberales. Federico padre (a diferencia de su hijo homónimo presidente) fue un intrigante incorregible que nunca conoció la lealtad.

El presidente Domingo Santa María tampoco fue benévolo con su juicio: “El amigo de Federico Errázuriz Zañartú es su amigo hasta donde le conviene”. La iglesia, que lo tuvo como el presidente-feligrés porque estudio en el seminario, sufrió las veleidades cuando Errázuriz le hizo la desconocida y suprimió el fuero eclesiástico, diciendo que “todos los seres son iguales ante la ley… y ante Dios”.

En su trato, este Federico era desagradable, muy distinto a su hijo, el de los chistes. Se señalaba que en las revistas de la época que el presidente paseaba en Fiestas Patrias su rostro fiero y hosco. Doña Eulogia, católica de misa diaria, fue a llorarle al arzobispo Rafael Valentín Valdivieso, quien la consoló contándole que su marido era desde niño “cubiletero” (intrigante, maquinador) y “macuco”, echándose los principios por la espalda para no decir por la raja.

Misiá Eulogia, que tenía un gran sentido estético, hojeaba fascinada las revistas francesas que mostraban la transformación de Paris emprendida por el barón Haussmann, e insistió ante su marido que debía hacer algo por el embellecimiento de Santiago. Felizmente, éste, sea por aburrimiento o por galantería, se dejó llevar del consejo y nombró a Benjamín Vicuña Mackenna, que había permanecido años en Europa como desterrado político cuando le dio por hacer revoluciones liberales, aceptó complacido. Entre sus logros se cuenta la transformación del cerro Santa Lucía, que de peñón agreste se convirtió en un hermoso paseo. Además, la obra salió barata, pues Vicuña Mackenna hasta puso dinero de su bolsillo. Por poco él sucede a Errázuriz en La Moneda.

La administración Errázuriz Zañartú también se vio favorecida con un obsequio importante: la familia Cousiño regaló el parque de su nombre a la ciudad de Santiago, y que un populista alcalde de la época, a quien le faltaban números para el programa dieciochero, resolvió quitarle su nombre para dárselo a O´Higgins.

Hay quienes aseguran que doña Eulogia, de a poquito, llegó prácticamente a compartir el gobierno. Mientras su marido estaba preocupado de las peleas doctrinarias, ella se interesaba por el embellecimiento de Santiago. Se preocupó, por ejemplo, de que se terminaran los edificios de la Casa Central de la Universidad de Chile y el Congreso Nacional, a la vez que la Quinta Normal inaugurase en 1875 su palacio-exposición. También insistía a su marido para que el ferrocarril, que sólo corría hasta Curicó, llegara hasta Chillán extendiéndose luego hasta Concepción y Angol. En una carta desde su fundo, donde veraneaba, le escribía: “El mejor regalo que me puedes hacer para mi cumpleaños es que pudiera ir a visitar a mi prima Carmen en Chillán. Me dicen que los rieles ya están colocados hasta Linares”.

Si en política, Errázuriz fue bastante poco ético, eso no significaba que, en el doble discurso que caracteriza a la sociedad chilena, no se dictaran severas normas morales para el resto de los ciudadanos. Es así como el Código Penal de la República, promulgado por Errázuriz Zañartú en 1874, contemplaba duras sanciones para quienes cometerían acciones contrarias a las buenas costumbres. No explicaba cuáles eran éstas, pero se suponía que eran aquellas que rompieran la seriedad oficial. La de no tener, por ejemplo, aspecto de inglés, pues por algo éramos los “ingleses de Sudamérica”. Los padres reprimían la risa de sus hijos diciéndoles: “La risa abunda en la boca de los tontos”. Los muchachos de la época crecían con el temor a ser tontos.

martes, 2 de noviembre de 2010

NO CONTABAN CON MI ASTUCIA

El cardenal Juan Francisco Fresno relató que el día del golpe de Estado de 1973 se encontraba en Roma, y estaba almorzando en el convento de las monjas de Santa Marta, cuando la televisión italiana informó de lo que acontecía en Chile. Un rato después recibió un llamado de la Secretaría de Estado del Vaticano, cuyo mensaje era que el Papa quería verlo. Trató de recibir información de la embajada, pero no sabía del embajador René Rojas Galdames. (Pésimo informante, ese mismo día se dio vuelta la chaqueta, continuando en la diplomacia y hasta fue ministro de Relaciones Exteriores del Régimen Militar).

El Papa Pablo VI lo esperaba muy preocupado. Tenía un sentido político bastante fuerte, y veía con horror que se pudiera cortar drásticamente toda vía democrática con un golpe de los militares. En ese momento indica que en ese mismo momento se realizaría un acta de excomunión a los militares que se han metido en esto. Pero el cardenal chileno refutó que el Santo Padre no tenía noticia de la Nunciatura, entonces como podía realizar una excomunión si en Chile tenía un nuncio, monseñor Sotero Sanz, argumentando que además entre los militares hay gente católica, otra que no lo es.

Pero el Papa señalaba que “Pero esto no puede ser. Esto ha sido tremendo, no puede suceder. El caso de Chile va a tener una influencia inmensa en las otras democracias de América” respondía perturbado. Fresno alegaba que debía informarse antes de dar ese paso a pesar que de que el Santo Padre no podía contactarse con el Nuncio Apostólico, pero de todas maneras insistía con la excomunión.

Hasta que el entonces Arzobispo de La Serena contestó “Santo Padre, usted no me respeta a mí. Yo soy chileno, soy un arzobispo allá y tengo responsabilidades sobre muchos fieles. Respéteme a mí, Santo Padre” hablándole duro y luego el Santo Padre dijo: “Bueno, por ahora no lo voy hacer”, y no lo hizo.

Ni siquiera el propio Pinochet, supo jamás que Fresno había sujetado esa excomunión.

martes, 19 de octubre de 2010

¿EL REY DE LA SELVA?

Uno de los incidentes más sonados en la historia , se produjo con la publicación del número 285 de la revista "Topaze".

Esta revista, que se rotuló a sí misma como "el barómetro de la política chilena", nació en el año 1931, fue publicada hasta 1970, y se transformó en la más importante publicación de su ramo en Chile. La revista Topaze las emprendía sin distinciones contra el Gobierno o contra la oposición, no pocas veces debió pasar algunos tragos amargos con la censura.

Sin embargo, el momento más complicado de su historia se dio en la segunda semana de Enero de 1938. En aquellos años, la política chilena estaba algo complicada. Arturo Alessandri Palma había sido Presidente de Chile desde 1932, tocaban elecciones en 1938, y era el primero que estaba casi por acabar su período presidencial desde él mismo, porque entre 1925 (en que el mismo Alessandri había abandonado el mando supremo) y 1932, Chile había estado sumido en una fuerte anarquía y un estado cercano a la falta de Constitución, si no en la teoría, sí en la práctica.

Para esa elección, uno de los favoritos era el General Carlos Ibáñez del Campo, quién había sido Presidente de Chile por la vía del golpe de estado, entre 1927 y 1931, hasta que los efectos económicos de la Gran Depresión habían terminado por obligarle a renunciar. Ibáñez aspiraba a llegar otra vez a Presidente por la vía electoral, apoyado por grupos de derecha, incluyendo a grupos simpatizantes nazis (en la época no estallaba aún la Segunda Guerra Mundial, y los nazis no estaban tan desprestigiados como después de ésta).

Alessandri en su segundo período había gobernado con la derecha, no simpatizaba con Ibáñez del Campo, y de hecho, le había atacado con un duro discurso. En respuesta, Ibáñez del Campo no se achicó, y lanzó una carta pública de desafío al mandatario. Todo el mundo esperaba que el Presidente de la República salvara la dignidad del sillón presidencial y pusiera en su lugar a Ibáñez del Campo, pero esto no sucedió. Coke entonces dibujó una caricatura (y "Topaze" la publicó, claro) titulada "se chupó", en que un pintor dibujaba a un león rugiendo, mientras que delante suyo tenía el modelo de un león en el suelo, con el pie encima de un domador, que tenía la cara de Carlos Ibáñez del Campo (es la imagen que ilustra este posteo, por más señas).

El Profesor Topaze, protagonista de la revista, le decía al pintor: "¿Sabe, mi general, que no es tan bravo el león como lo pintan?". El puñetazo era bien visible, porque Arturo Alessandri Palma no en vano era conocido como "el León de Tarapacá". Con todo, Coke le había encargado la caricatura a Pekén, otro dibujante, con la prevención de que no lo fisonomizara con los rasgos del Presidente.

Antes de que la revista fuera lanzada, de alguna manera, Alessandri se enteró. Coke fue inmediatamente puesto bajo arresto.

El ministro instructor preguntó:-¿Ha sido su intención personificar al Presidente de la República en la figura de este león?

-Me sorprende que S.S. suponga que S.E. pueda ser representado por un animal- fue la respuesta maliciosamente "ingenua" de Coke, quien ganó así la batalla legal.

Con todo, cuando volvieron a la editorial, Coke se encontró con la noticia de que la Policía de Investigaciones había entrado al edificio y retirado en camiones la tirada completa. Después de investigar varias horas, descubrieron finalmente el lugar en el cual la tirada completa había sido incinerada. De inmediato buscaron al juez, el cual acudió al lugar el prefecto Peluchonneau denunciado junto a un actuario.

Obtuvieron las pruebas entre los restos calcinados, y con ello hubo un nuevo proceso, ahora contra la Policía de Investigaciones. En unas cuantas horas, estaba renunciado, y el propio Presidente Alessandri debía confesarse por radio como responsable de dar la orden...Ni qué decir de cómo Topaze se festinó por semanas a costa de Alessandri, quien tuvo que mantenerse callado.

En una de las tantas, lo dibujó amenazando al Profesor Topaze, diciéndole "Amigo Topaze, hay que odiarme menos y quererme más"... Muchos años después, Alessandri diría de su acerba relación con Topaze: "No le guardo rencor a Topaze. Es cierto que ha sido injusto y violento conmigo, pero no me quejo. Siempre he pensado que los hombres tienen su sino, y el mío ha sido que, como a las pelotas de fútbol, mis adversarios me han levantado a puntapiés"...

miércoles, 29 de septiembre de 2010

QUE NO SE ESCAPE PAPÁ

Cuando Pinochet expulsó de Chile a Jaime Castillo Velasco, José Piñera pidió que agragaran su nombre en una declaración de protesta que estaba preparando Sergio Molina. Éste le dijo que no lo habían considerado, pues él era funcionario de la CORFO. Piñera insistió y, en cuanto a su cargo, dijo que prefería poder ver su rostro en el espejo, mientras se afeitaba, sin tener que sentir verguenza.

Fue exonerado ese mismo día. Desde entonces, jamás se perdió manifestación o protesta, causando preocupación a su hijo José, quien desde su ministerio llamaba a su madre, para decirle: "Mamá, cuida que mi papá no salga". Ella le respondía que ya había salido, agregando: "Pero me prometió que se iba a portar bien".

sábado, 11 de septiembre de 2010

EL ESPEJO

Estando en plena Guerra del Pacífico se hacían interpelaciones a los titulares de los ministerios, y el ministro del interior del Presidente Aníbal Pinto, Belisario Prats, tuvo que enfrentar una acusación en la cámara baja. Instantes antes de responder a la acusación, Prats discutió con el presidente, y al no estar este último de acuerdo con algunas de las proposiciones de Prats de ocupar Tarapacá con las tropas y las pocas municiones que había en Antofagasta, sin preocuparse de la próxima salida al mar de la escuadra peruana, cuyas reparaciones tocaban a su termino. Y volvió a repetir lo que antes había expuesto en el Consejo de Guerra. Pinto lo contradijo que aun supuesto que las pocas municiones de que se disponían, bastasen para expulsar a los peruanos de Tarapacá, ya que estos podrían reforzarse fácilmente con el ejercito de Tacna, y no tener municiones para una segunda batalla.

Prats, exasperado, hizo al presidente, quien se paseaba, un ademán grosero, por la espalda, que desgraciadamente se reflejó en un espejo del salón. Pinto aparentó no haber advertido el ademán. El 12 de abril de 1879, la cámara rechazó el voto de censura por 52 votos a 21, pero cuando los ministros regresaron a la Moneda, llevando alborozados la noticia e su aplastante victoria, Pinto recibió a Prats tan secamente y con tanta frialdad, que el ministro tuvo que presentar su renuncia al día siguiente 13 de abril. Prats y Pinto no volvieron a saludarse en el resto de sus vidas.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

AYUDEME SUEGRA

Manuel Montt es una persona que tenía como características de ser parco, reservado, enemigo de las ostentaciones, evitaba los discursos. En un banquete insistieron que hablase, y él se negó a hacerlo, pero con un fundamento: "El Presidente de la República sólo puede hablar por decreto". Y volvió a sentarse.

Pero a los 30 años, era magistrado de la Corte Suprema y parlamentario, reparó no sólo que estaba de más para casarse, sino que ni siquiera se dio tiempo para pololear. Se fijó en su prima Rosario Montt Goyenechea.

Había una diferencia de edad entre ellos (él la doblaba, ya que Charito tenía 15 años), pero también de caudales, pues por el apellido materno se ramificaba los Cousiño y los Gallo, dueños de minas de carbón, unos, y de plata, los otros. En aquellos años un matrimonio entre primos, e incluso entre tíos y sobrinas, era bien visto, porque "solidificaba" la familia.

En buenas cuentas, Montt terminó declarándose a la suegra, la que transmitiría el encargo a su hija. La dama quería entrañablemente a Montt, al que llamaba sin reservas "mi negrito", y lo hallaba muy distinto a los frívolos jóvenes que frecuentaban su hogar.

Doña María de la Luz Goyenechea de la Sierra alentó el romance y preparó el camino. Un día, estando él de visita, llamó a su hija que estaba en un patio encumbrando volantines con otros muchachos, diciendole: "Charito, tu primo tiene algo que decirte". Lo que él por timidez no le dijo, se lo agregó ella. Desde ese momento quedaron novios.