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martes, 5 de enero de 2010

EL CARA Y SELLO DE LA ELECCIÓN DE PIÑERA

Se empieza a vivir la elección del próximo 17 de enero. Con estos datos se enfrentará Sebastián Piñera, pero una vez concluido la jornada electoral pasará a la historia de Chile dependiendo del resultado de la elección, acá tres datos para recordar.

Si Piñera ganara.......
Se coinvertiría en el primer Presidente de Derecha elegido democráticamente en 52 años. El último triunfo de ese sector político ocurrió el 4 de septiembre de 1958 cuando Jorge Alessandri ganó la elección con el 32%. Además, sería el primer presidente de Derecha electo desde el retorno de la democracia, terminando con la hegemonía de la Concertación desde 1990.

Si Piñera perdiera.......

Se coinvertiría en el primer candidato de Derecha en ser derrotado dos veces seguida bajo el sistema ballotage o segunda vuelta (2006 y 2010). Además, sería el primer candidato presidencial desde el retorno de la democracia que gana la elección de primera vuelta y que lo derrotan en la segunda vuelta.

Si Piñera ganara.......

Se convertiría en el quinto candidato en ganar la siguiente elección presidencial después haber perdido la anterior. Pedro Montt, perdió en 1901 y ganó las de 1906, mismo caso ocurrió con Arturo Alessandri Palma en 1931 y 1932, Eduardo Frei Montalva en 1958 y 1964 y Salvador Allende en 1964 y 1970 respectivamente.

Si Piñera perdiera.......

Se convertiría en el segundo candidato en quedar en segundo lugar dos veces seguida una elección presidencial junto a Salvador Allende en 1958 y 1964

Si Piñera ganara.......

Se convertiría en el tercer hombre de negocios que ha logrado la Presidencia de la República, sus antecesores fueron Juan Luis Sanfuentes (1915-1920) y Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964).

Si Piñera perdiera.......

Se convertiría en el cuarto millonario en ser derrotado en una elección presidencial con reales opciones de ganar, siendo el primero en perder dos veces y de manera consecutiva (2006-2010). Así ocurrió, en 1871, con el empresario minero José Tomás Urmeneta, posteriormente, Gustavo Ross derrotado en 1938 y Arturo Matte Larraín, vencido en 1952.

sábado, 19 de diciembre de 2009

GABRIELA ES LO MISMO QUE LUCILA

Cierto día, durante el gobierno del Presidente Juan Luis Sanfuentes, el ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Pedro Aguirre Cerda, propuso al Presidente que el cargo vacante de directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas sea ocupado por la destacada poetisa Gabriela Mistral.

Sanfuentes, quien había oído del trabajo de la poetisa no dudó de la propuesta del Ministro y le pidió que enviara cuanto antes el decreto para firmarlo. El ministro accedió y envió el decreto a Viña del Mar, donde se encontraba el Presidente.

Transcurridos algunos días, el decreto fue devuelto a Santiago, pero éste no venía firmado.

Cuando Sanfuentes llegó a Santiago, don Pedro Aguirre Cerda se acercó y le dijo:
-Presidente. ¿No habíamos quedado de acuerdo en nombrar a Gabriela Mistral directora del Liceo de Punta Arenas?
-Sí -respondió Sanfuentes-, pero usted me mandó el nombramiento extendido a favor de una tal Lucila Godoy, y por eso no lo firmé.

martes, 15 de diciembre de 2009

LA CONVENCIÓN DE 1910

Ellos no fueron los candidatos, ni participaron en la convención

A mediados de 1910, luego de ser sepultados don Pedro Montt y Elías Fernández Albano - en un año en que Chile tuvo tres presidentes, dos de los cuales murieron en la cargo- (ver aqui) . Se debía realizar elecciones presidenciales, en el cual cada liberal encopetado se consideraba aspirante al sillón presidencial, tanto que llegó a hacerse una lista de... 50 candidatos.

Así que en medio de las alegres fiestas del centenario, que ayudaron a espantar el duelo, vino la convención de la Alianza que elegiría el candidato presidencial, y que, de acuerdo a la baraja electoral, sería el futuro Presidente.

Agustín Edwards Mc-Clure piensa que ha llegado su hora. Pero también Juan Luis Sanfuentes, hábil caudillo que durante 40 años fuera el árbitro de la política chilena, prácticamente todo el período de la República Parlamentaria. Lo curioso es que nunca pronunció un discurso.

En la convención, los liberales proponen a Sanfuentes y los nacionales a Edwards. Aunque en buenas cuentas, los conservadores (llámese nacionales) y los liberales bien poco se diferenciaban entre ellos, salvo que los primeros eran laicos administrados por la iglesia. En cambio, los conservadores iban a misa a las once, los liberales, salvo algunas excepciones, iban a las doce.

Para Edwards, su personalidad representaba un peligro: podía acometer una reforma del régimen oligárquico, modernizándolo peligrosamente. Ya lo había intentado atajar negándole la vicepresidencia.

El juego de Sanfuentes era hacer un pacto con Edwards, de modo de cederse sus fuerzas si uno alcanzaba una ligera mayoría, no la suficiente, para ser proclamado. Pero al mismo tiempo Sanfuentes sellaba una alianza con Javier Ángel Figueroa para destrozar a Edwards. Conseguido esto, habría una recíproca cesión de fuerzas a quien se adelantara.

Edwards comienza ganando, pero un triunfo a lo Pirro, pues no alcanza la mayoría requerida (60%). La votación se estanca, y la candidatura de Agustín muere. Se viene el desquite de Edwards. Al comprobar el ardid, los suyos le dan entonces los votos la radical Enrique Mac-Iver, que preside la convención. Cuando los demócratas también decide darle sus votos al caudillo, se teme que éste pueda ser el vencedor, lo que sería una burla. Desesperadamente, Sanfuentes y Figueroa resuelven levantar a Ramón Barros Luco, que encabezara el levantamiento de 1891.

La nueva opción se empina sobre los 76 años y vaticinan que "no pasa otro invierno", convencidos que al año siguiente vendrá una nueva convención. Sanfuentes aceitará entonces su máquina y llegará a La Moneda. Pero esto sólo lo obtendrá en 1915, (cinco años después y derrotando a quien fue su aliado en esta convención) pues Barros Luco los decepciona y no se muere pronto, faltando al compromiso que se suponía.

En cambio, Edwards queda fuera para siempre. Se le siguen dando embajadas y hasta ministerios, pero la Presidencia jamás.

lunes, 14 de septiembre de 2009

LA GUERRA DE DON LADISLAO

A mediados de los lejanos años 20, en pleno gobierno de Juan Luis Sanfuentes, ocurrió uno de los hechos más curiosos de la historia de Chile: la guerra de Don Ladislao.
En aquellos tiempos, era evidente que Arturo Alessandri era el que la llevaba, para desespero del gobierno. En un ataque de imaginación febril y no teniendo que inventar para detener al León de Tarapacá, el gobierno de aquella época movilizó al ejército ante una supuesta amenaza en el norte de una invasión peruana. El pretexto eran supuestas reivindicaciones territoriales del Perú, que habían pasado a mayores y por tanto la integridad de la patria corría peligro.
Aquellas supuestas reivindicaciones no eran más que el primer reclamo boliviano sobre la mediterraneidad, presentado a la Sociedad de las Naciones, que contó con el guiño aprobatorio del gobierno del Perú en aquel tiempo. Fue un frenesí, se movilizaron a antiguos reservistas, la primera división de ejército empezó a hacer maniobras en el desierto, las hordas enfervorizadas clamaban por más sangre chola, los viejos veteranos de la guerra del pacífico, con sus patas cojas y sus muñones salieron a marchar...la prensa martillaba y martillaba de fervor por la tercera guerra contra la confederación, y no hubo quien dijo que en esta pasada nos quedamos con hasta con los huacos.
La guerra de Don Ladislao duró obviamente hasta que pasaron las elecciones, y no se vio a peruano alguno marchando hacia su "Estrellita del Sur". La única organización que se opuso al fervor nacionalista desatado por Don Ladislao y el temor a que los cholos vinieran a llevarse de vuelta el Huáscar, el suspiro limeño, el pisco y los leones de la avenida Idem, fue la FECH, lo que le valió ser acusada de antipatriota...fue famoso el cartel colocado en su sede por las hordas nacionalistas "Se vende esta casa. Tratar en Lima".Pasó el tiempo y ni los peruanos se aparecieron por acá a llevarse el suspiro limeño, ni la FECH se vendió en Lima y el gobierno del opaco Sanfuentes y el ingenioso Don Ladislao pudo detener la ola desatada por el León de Tarapacá y su "chusma querida".