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viernes, 16 de julio de 2010

CERO RESPETO

Una de las más sangrantes caricaturas políticas publicadas en Chile, fue obra del dibujante Santiago Pulgar. La víctima era nada menos que Pedro Montt, Presidente de Chile entre 1906 y 1910. Para colmo, salió en la revista "La comedia humana"... ¡en primera página!

Pedro Montt era un político muy criticado y tachado de demasiado austero y mañoso. Además, era de temperamento tímido y huraño. Un hombre gris, en definitiva, por más que se destacara su inteligencia (hablaba correctamente inglés y francés). Su esposa era Sara del Campo, una mujer alta e imponente, que se atrevía a ser activa en materias políticas (recordemos que era la primera década del siglo XX, y se esperaba que las damas chilenas fueran recatadas y dejaran las cosas políticas a los hombres).

En los cenáculos políticos, doña Sara del Campo había conocido a un político joven llamado Guillermo Rivera, a la vez liberal y hombre de mundo. Es decir, todo lo contrario que su apagado marido. Guillermo Rivera tenía una residencia en Valparaíso que estaba adornada con pisos de mármol, cuyo origen estaba en la cantera de una isla que era de propiedad suya.

El "correo de las brujas" veía con malicia esta relación, y tachaban al Presidente Montt de cornudo. Lo que hasta el minuto era un mero chismorreo, Santiago Pulgar lo recogió en una incendiaria caricatura. En ella, mostraba a Pedro Montt sentado y tocando el piano, con su pelo blanco y su tez intensamente morena, mientras a su lado Sara del Campo bailaba con Guillermo Rivera.

El diálogo acompañante decía: "PEDRO MONTT: Yo... Yo te pago la piezaaaa, y tú, tú la gozas...". La respuesta fue inmediata y fulminante. La edición de "La comedia humana" fue requisada y la revista misma terminó clausurada después de apenas 56 números (entre 1904 y 1906). En cuanto a Santiago Pulgar, recibió una paliza lo suficientemente contundente como para que, cuando fue puesto en la frontera de Chile con Perú para expulsarlo del país, tuvieran que llevarlo en camilla. Años después, terminaría radicándose en Nueva York...

martes, 5 de enero de 2010

EL CARA Y SELLO DE LA ELECCIÓN DE PIÑERA

Se empieza a vivir la elección del próximo 17 de enero. Con estos datos se enfrentará Sebastián Piñera, pero una vez concluido la jornada electoral pasará a la historia de Chile dependiendo del resultado de la elección, acá tres datos para recordar.

Si Piñera ganara.......
Se coinvertiría en el primer Presidente de Derecha elegido democráticamente en 52 años. El último triunfo de ese sector político ocurrió el 4 de septiembre de 1958 cuando Jorge Alessandri ganó la elección con el 32%. Además, sería el primer presidente de Derecha electo desde el retorno de la democracia, terminando con la hegemonía de la Concertación desde 1990.

Si Piñera perdiera.......

Se coinvertiría en el primer candidato de Derecha en ser derrotado dos veces seguida bajo el sistema ballotage o segunda vuelta (2006 y 2010). Además, sería el primer candidato presidencial desde el retorno de la democracia que gana la elección de primera vuelta y que lo derrotan en la segunda vuelta.

Si Piñera ganara.......

Se convertiría en el quinto candidato en ganar la siguiente elección presidencial después haber perdido la anterior. Pedro Montt, perdió en 1901 y ganó las de 1906, mismo caso ocurrió con Arturo Alessandri Palma en 1931 y 1932, Eduardo Frei Montalva en 1958 y 1964 y Salvador Allende en 1964 y 1970 respectivamente.

Si Piñera perdiera.......

Se convertiría en el segundo candidato en quedar en segundo lugar dos veces seguida una elección presidencial junto a Salvador Allende en 1958 y 1964

Si Piñera ganara.......

Se convertiría en el tercer hombre de negocios que ha logrado la Presidencia de la República, sus antecesores fueron Juan Luis Sanfuentes (1915-1920) y Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964).

Si Piñera perdiera.......

Se convertiría en el cuarto millonario en ser derrotado en una elección presidencial con reales opciones de ganar, siendo el primero en perder dos veces y de manera consecutiva (2006-2010). Así ocurrió, en 1871, con el empresario minero José Tomás Urmeneta, posteriormente, Gustavo Ross derrotado en 1938 y Arturo Matte Larraín, vencido en 1952.

martes, 15 de diciembre de 2009

LA CONVENCIÓN DE 1910

Ellos no fueron los candidatos, ni participaron en la convención

A mediados de 1910, luego de ser sepultados don Pedro Montt y Elías Fernández Albano - en un año en que Chile tuvo tres presidentes, dos de los cuales murieron en la cargo- (ver aqui) . Se debía realizar elecciones presidenciales, en el cual cada liberal encopetado se consideraba aspirante al sillón presidencial, tanto que llegó a hacerse una lista de... 50 candidatos.

Así que en medio de las alegres fiestas del centenario, que ayudaron a espantar el duelo, vino la convención de la Alianza que elegiría el candidato presidencial, y que, de acuerdo a la baraja electoral, sería el futuro Presidente.

Agustín Edwards Mc-Clure piensa que ha llegado su hora. Pero también Juan Luis Sanfuentes, hábil caudillo que durante 40 años fuera el árbitro de la política chilena, prácticamente todo el período de la República Parlamentaria. Lo curioso es que nunca pronunció un discurso.

En la convención, los liberales proponen a Sanfuentes y los nacionales a Edwards. Aunque en buenas cuentas, los conservadores (llámese nacionales) y los liberales bien poco se diferenciaban entre ellos, salvo que los primeros eran laicos administrados por la iglesia. En cambio, los conservadores iban a misa a las once, los liberales, salvo algunas excepciones, iban a las doce.

Para Edwards, su personalidad representaba un peligro: podía acometer una reforma del régimen oligárquico, modernizándolo peligrosamente. Ya lo había intentado atajar negándole la vicepresidencia.

El juego de Sanfuentes era hacer un pacto con Edwards, de modo de cederse sus fuerzas si uno alcanzaba una ligera mayoría, no la suficiente, para ser proclamado. Pero al mismo tiempo Sanfuentes sellaba una alianza con Javier Ángel Figueroa para destrozar a Edwards. Conseguido esto, habría una recíproca cesión de fuerzas a quien se adelantara.

Edwards comienza ganando, pero un triunfo a lo Pirro, pues no alcanza la mayoría requerida (60%). La votación se estanca, y la candidatura de Agustín muere. Se viene el desquite de Edwards. Al comprobar el ardid, los suyos le dan entonces los votos la radical Enrique Mac-Iver, que preside la convención. Cuando los demócratas también decide darle sus votos al caudillo, se teme que éste pueda ser el vencedor, lo que sería una burla. Desesperadamente, Sanfuentes y Figueroa resuelven levantar a Ramón Barros Luco, que encabezara el levantamiento de 1891.

La nueva opción se empina sobre los 76 años y vaticinan que "no pasa otro invierno", convencidos que al año siguiente vendrá una nueva convención. Sanfuentes aceitará entonces su máquina y llegará a La Moneda. Pero esto sólo lo obtendrá en 1915, (cinco años después y derrotando a quien fue su aliado en esta convención) pues Barros Luco los decepciona y no se muere pronto, faltando al compromiso que se suponía.

En cambio, Edwards queda fuera para siempre. Se le siguen dando embajadas y hasta ministerios, pero la Presidencia jamás.

sábado, 14 de noviembre de 2009

MANDATARIO BURLÓN

El presidente Federico Errázuriz Echaurren tenía una fama de burlón y sobre todo por los apodos que ponía a los políticos. A un senador que no olía bien lo bautizó como "Lord Atkinson", aludiendo irónicamente al agua de colonia; a Elías Fernández Albano, que lo reemplazaría al enfermarse, el "Canciller de plomo"; a Pedro Montt, de semblante adusto y figura poco elegante, "el Cochero de las pompas fúnebres"; a su ministro de hacienda, Rafael Sotomayor, corto de talle y extremidades y que nunca se sacaba el chaqué (especie de vestón de etiqueta, que en la parte de atrás terminaba en dos faldones), "el buey rabón".

Un elector suyo, interesado en ganarse unas propuestas de agua potable, le telegrafió preguntándole que había con el asunto del agua, y él respondió “Ni agua”.

miércoles, 14 de octubre de 2009

HIJO DE ESTATUA

Pedro Montt, desde su nacimiento pesó sobre él la grave carga de ser un hijo de un estadista cuyo nombre era repetido con respetuosa admiración en toda América. Existe una desconfianza justificada por la experiencia respecto de los "hijos de estatuas".

Era el 9 de enero de 1896, siendo Presidente de la Cámara de Diputados, la oposición violenta contra el Presidente José Manuel Balmaceda ya se organizaba. Aún no se despachaba la ley que autorizaba el cobro de las contribuciones. Balmaceda tenía mayoría, pero una minoría exigua se imponía, por defectos del Reglamento de la Cámara, sobre una mayoría enorme.

Entonces Pedro Montt declaró "cerrado el debate" en medio de un desorden monstruoso, tras sesiones que habían durado varios días y noches sin interrupción. Después se supo el secreto: Don Pedro, vacilante, había consultado al viejo ministro de su padre, Antonio Varas, entonces presidente del Senado. Éste le habría contestado que "si su padre viviera, se asombraría de verlo vacilar".

miércoles, 16 de septiembre de 2009

COLA DE MONO

El cola de mono o "colemono" es un trago típico chileno que, si bien se puede consumir todo el año, suele ser tradicionalmente asociado a la Navidad y el Año Nuevo.

Es un combinado de café, leche, azúcar y aguardiente, y generalmente se le añaden especias (canela, por lo regular, aunque también a veces cascaritas secas de naranja) para darle un toque. El origen del trago, así como el de su denominación, es uno de los misterios sumergidos en la Historia Profunda de Chile, y circulan varias versiones sobre ella.

Según don Manuel Antonio Román, en su diccionario de chilenismos, el nombre vendría simplemente del color café oscuro del trago, semejante a la cola de un mono. Otros le achacan la responsabilidad a que el trago se comercializaba artesanalmente en sus buenos tiempos, reutilizando las botellas de un popular anís español, el Anís del Mono, cuya característica era el dibujo de un mono con una larga cola.

Pero las versiones más populares relacionan al colemono con don Pedro Montt, quien fuera Presidente de Chile entre 1906 y 1910. Según una versión, en 1901 los partidarios de Pedro Montt habrían ido a consolar la derrota electoral sufrida frente a Germán Riesco, a una heladería cuya especialidad de la casa era justamente un trago de aguardiente con helados de café con leche derretidos. El trago no tenía nombre, pero hubo quienes asociaron a Pedro Montt (a quien, por lo bajo, y comprensiblemente de espaldas al aludido, llamaban el Mono Montt por su cara más bien morena) y el que hubiera salido "a la cola" o "coleado" en las elecciones, con el trago.

Empezó así a hablarse de la "cola de Montt", y más aún, con su picardía, de la "cola de mon... o", para aludir a Montt sin referirse directamente a él. Pero la versión más popular es la siguiente. En la casa de doña Filomena Cortés viuda de Bascuñán, que tenía cuatro hijas casaderas que cantaban, tocaban la guitarra y el arpa, se organizó una fiesta que tenía como invitado de honor nada menos que al ahora sí Presidente don Pedro Montt. En la madrugada empezó a llover, e inquieto, Pedro Montt quiso retirarse, y pidió que le devolvieran un revólver Colt que había entregado para que lo custodiaran.

Los invitados trataron de disuadir a Montt de que no se retirara, en parte por la lluvia y en parte para seguir la fiesta, y de manera muy conveniente para los contertulios, nadie recordaba dónde había quedado el dichoso revólver. Y como el vino y los licores se habían terminado, y descubrieron sólo una jarra de café con leche, los parroquianos le echaron aguardiente y azúcar, y siguieron la fiesta. Y como el trago no hubiera nacido, según esta versión, si el revólver del Presidente no se hubiera perdido, se lo llamó en su honor el "Colt de Montt", que después por corrupción idiomática habría pasado a ser el "colemono".

jueves, 10 de septiembre de 2009

LA MALDICIÓN DEL CENTENARIO

Desde comienzos del siglo XX, Chile se aprestaba a celebrar el centenario de la independencia con una serie de fiestas e inauguraciones, a las que habían sido invitadas diferentes delegaciones de todo el mundo. Sin embargo, una serie de hechos trágicos comenzaron a enlutar la celebración.
Los costos de la celebración aumentaban rápidamente: por ejemplo, el presupuesto del Museo de Bellas Artes, uno de los edificios simbólicos del centenario, había pasado de $495.310 de la época a $22.100.000 hacia 1905. En 1906, un fuerte terremoto asoló el puerto de Valparaíso. Ante la necesidad de reconstruir el puerto, muchas personas solicitaron la suspensión de la costosa celebración, sin embargo, el Senado se pronunciaría y mantendría los planes del gobierno. En tanto, el país entraba en una crisis económica y los ingresos provenientes del salitre no eran suficientes para costear el oneroso centenario. El descontento en la población aumentó y se produjeron diversas protestas y huelgas, destacando la matanza de Santa María de Iquique en 1907.

Sin embargo, la tragedia no terminaría allí. En 1906, Pedro Montt asumió la Presidencia con la convicción de ser el protagonista de las festividades. Sin embargo, la arteriosclerosis lo debilitaba cada vez más. Meses antes de la fecha esperada, Montt viajó a Alemania para tratar su enfermedad. Tras solicitar la renuncia de su ministro del Interior, Agustín Edwards McClure, invistió en dicho cargo a Elías Fernández Albano, quien lo subrogaría mientras estuviera ausente. Tras un largo viaje, Montt llegó a Bremen, donde fallecería el 16 de agosto. Fernández Albano presidiría el funeral del mandatario, 10 días después.

Cada vez quedaba menos para la celebración del centenario y la muerte del Presidente Montt había enlutado las festividades. Sin embargo, el 6 de septiembre la situación empeoraría con la repentina muerte de Fernández Albano producto de un resfrío. A doce días del aniversario de la independencia y con cientos de personas provenientes de diversas partes del orbe, el país se quedaba sin jefe de Estado. Debido a que la Constitución no especificaba claramente el orden de precedencia entre los Ministros de Estado, pues señala que debía asumir como vicepresidente el "Ministro del Despacho más antiguo", dos eran consideradas como posibles nuevos vicepresidentes: Luis Izquierdo y Emiliano Figueroa. El problema fue resuelto en el sentido que la antigüedad se refería a la fecha de juramento en el cargo de Ministro y no a la época de creación del respectivo Ministerio. Así fue designado Figueroa, que además era un hombre de mundo y la persona más apropiada para recibir a las delegaciones oficiales, liderando la triste conmemoración, el 18 de septiembre de 1910.

lunes, 7 de septiembre de 2009

EL CONFLICTO DEL BALTIMORE

En los últimos meses de 1891, Chile vivía una situación especial. Recién había terminado la guerra civil y aún se lamentaban las pérdidas. Habían caído más de diez mil chilenos en sólo ocho meses de enfrentamientos y el Presidente José Manuel Balmaceda se había suicidado en la legación argentina. El 19 de septiembre de ese año, asume un nuevo gobierno encabezado por el Almirante Jorge Montt. A menos de un mes, un insólito incidente traería serias consecuencias diplomáticas.

En el primer siglo de vida independiente, el manejo de las relaciones internacionales había acarreado más de algún sobresalto. Teniamos en problemas con países cercanos y lejanos. Repasemos un poco: Guerra con la Confederación Perú- Boliviana; Guerra con España; pérdida de la Patagonia con Argentina; la famosa Guerra del Pacífico; ruptura con el Vaticano; conflicto del salitre con Inglaterra durante el gobierno de Balmaceda… y para ponerle la guindita a la torta, a fines del siglo XIX, una cuasi guerra con Estados Unidos.

El gobierno de Balmaceda había tenido fuertes conflictos con Inglaterra a causa del salitre. Los intentos de Balmaceda por nacionalizar el “oro blanco”, en las garras del empresario inglés John Thomas North, trajeron problemas con el gran imperio europeo. El gobierno chileno contó con el apoyo explícito de Estados Unidos, rival de los ingleses.

Cae Balmaceda y no surge la mejor onda entre el nuevo gobierno de Montt y los Estados Unidos. Eso porque, terminada la guerra civil, muchos notables del régimen anterior buscan asilo en la legación norteamericana (antiguo nombre de la embajada). El gobierno del almirante Montt trata de evitar eso reforzando la sede diplomática con piquetes de policías. El ministro plenipotenciario (actual embajador) Patrick Egan realiza arduas gestiones para obtener salvoconductos para los refugiados. Todo esto se vería entorpecido por un absurdo incidente en Valparaíso.

La noche del 16 de octubre de 1891, marineros del crucero estadounidense Baltimore incursionan en la vida bohemia porteña. Los hombres de mar liberan sus tensiones en tugurios, borracherías, tabernas y casas de huifa. En un local del Arrayán (en Valparaíso), se arma una trifulca descomunal entre los marinos yanquis y cargadores criollos, una pelea de curados guachacas. Interviene la policía y ocurre lo impensado: a un policía o a un estibador se le escapa un tiro. Muere en la reyerta el marino gringo de apellido Riggin. Poco después, en otra mocha en la Avenida San Martín, cae apuñalado otro marino estadounidense, un tal Johnson. Se habla de dieciocho cuchilladas que lo dejan como colador. Además, se cuenta de 20 marineros heridos. Esta noticia no tarda en llegar a Santiago, a la legación americana.

El embajador Egan le cuenta al gobierno de Mr. Benjamín Harrison. El Presidente de Estados Unidos presenta el caso en el Congreso y recibe apoyo “para actuar”. El Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Manuel Antonio Matta, y el representante de nuestro país en Washington, Pedro Montt, protestan por la actitud prepotente de los norteamericanos. Argumentan que “sólo es un hecho policial y que el gobierno de Chile nada tiene que ver”. Pero éste sería solo el comienzo.

Aquí empieza la leyenda de este turbio episodio. El gobierno de Harrison habría exigido las disculpas. Como no las obtuvo, envía a los navíos Yorktown y Boston a aguas chilenas, para reforzar al Baltimore. En nuestra tierra cunde el pánico. El Almirante Montt manda para la casa a Matta y a Pedro Montt. Los reemplaza y llega a un insólito acuerdo, bien “a la chilena”, pauteado por los gringos. Se habría efectuado un acto de desagravio, saludando a la bandera de Estados Unidos con veintiún cañonazos. Aún no queda claro dónde se llevó a cabo esta opereta. Algunos hablan del Fuerte Punta de Angel en Valparaíso y otros, de San Francisco (no de Mostazal, sino el de California). Se dice que después de esta ridícula sobada de lomo, el marino chileno Carlos Peña se quita la vida. Al no aceptar esta burla, hace el saludo militar y se vuela la cabeza de un tiro. ¡De película! Posteriormente, el gobierno chileno pagaría una pensión de 75 mil dólares a los deudos del Baltimore.

Este tumultuoso hecho tiene muchas interpretaciones históricas. Según el gran escritor, periodista, y cronista Joaquín Edwards Bello, no fue ni tanto. Dice que no hubo tal acto de desagravio, ni un solo cañonazo, que el gringo sobrevivió con 18 puñaladas y que nunca existió el tal marino Peña.

Otros aseguran que estábamos “con el tambembe a dos manos” ante el peligro del ataque norteamericano. Los que pagaron con esta trifulca son los pobres asilados, que esperan durante meses los famosos salvoconductos, achoclonados en la legación.

Con independencia de todo lo que se dijo en la época, no deja de ser curioso que un incidente puramente guachaca, y en territorio guachaca, nos haya traído un conflicto de proporciones con la gran potencia del Norte.