lunes, 7 de septiembre de 2009

EL RÍDICULO ALZAMIENTO DE ARIOSTO

Era 1939, nuestro país aún vivía los efectos del terremoto de Chillán y, a raíz de esta tragedia, nacía la Corfo. En La Moneda gobernaba el Frente Popular, coalición izquierdista presidida por el maestro Pedro Aguirre Cerda. “Don Tinto” (llamado así por poseer viñas, no por aficiones etílicas) nunca se imaginó lo que iba a ocurrir un día de agosto de ese año, a pocos meses de asumido. No sería un terremoto lo que lo iba a asustar, sino un insólito y ridículo alzamiento.

El país había vivido momentos de inestabilidad entre 1924 y 1932. Golpes de Estado, levantamientos, seudo dictaduras y conspiraciones varias habían agitado la vida de nuestra patria. Con el segundo gobierno de Arturo Alessandri Palma, se había llegado a una situación de aparente calma, pero existían ciertos sectores descontentos con el Frente Popular. Personeros de derecha y oficiales, en retiro y activos, miraban con malos ojos al “régimen comunistoide del Negro Aguirre”, como lo llamaban con desprecio.

Un día, unos pocos oficiales “hicieron ver” su molestia de malas maneras. Por esta razón, el general de Ejército Ariosto Herrera Ramírez (descendiente del héroe Eleuterio Ramírez, parentesco que lo ayudó a ascender), comandante de la Segunda División, fue llamado a retiro de las filas. Herrera había sido adicto militar en la Italia de Mussolini y no ocultaba sus simpatías por el caudillo itálico, ni por Hitler o Franco. Marcado por su carácter anticomunista, se había negado a desfilar frente a La Moneda el 21 de mayo, al ver que flameaban trapos rojos cerca de sus tropas. Él mismo habría sacado violentamente las banderas a punta de sables y amenazas. El hecho de ser considerado sospechoso por “fascista” lo hizo retirarse picado de su institución.

El 25 de agosto de 1939, Ariosto Herrera intentó nada menos que levantarse en contra del gobierno de Aguirre Cerda . ¿Cómo? Salió de su casa de madrugada con una manta de Castilla y se acuarteló en el regimiento Tacna. Dentro del cuartel, Ariosto envalentonó a sus oficiales: “El que esté de acuerdo conmigo, un paso al frente”. Sólo dos soldados decidieron dar el paso. La mayoría de los oficiales jóvenes no le compraron el llamado; no pretendían cortar su carrera por una absurda aventura golpista.

Pese al poco entusiasmo, la noticia llegó a La Moneda. Los tiras tenían órdenes de seguir los movimientos de Herrera. Al enterarse, Don Tinto montó en cólera. Cuenta la leyenda que tomó una pistola y exclamó: “¡ Muerto me sacan de aquí, mi deber es morir matando!” Las malas lenguas añaden que uno de los que presenció este episodio fue el Ministro de Salud, el entonces joven médico Salvador Allende. El destino le tenía preparada una jugarreta similar, pero mucho peor.

El golpe había nacido muerto. Las Fuerzas Armadas se mantuvieron leales al gobierno. La aventura de Ariosto no pasó de ser una broma. Herrera pretendía emular a Mussolini encabezando una “Marcha sobre Roma” a la chilena, acompañado de tanques y gente del pueblo. Dicen que tenía preparadas hasta unas “góndolas” (micros antiguas) para trasladar a personal golpista de la Escuela de Infantería de San Bernardo. Pero cuando los conjurados llegaron a buscarlas, se encontraron con la sorpresita de que no tenían las llaves ni combustible. Así las cosas, no les fue muy difícil a las tropas leales atrapar a Ariosto.

El militar pidió entonces permiso para suicidarse. Pero él mismo no tardó en arrepentirse y se entregó tranquilito. Pero aquí no paró el asunto. Pronto se descubrió que todo era una conspiración y que Herrera había sido sólo un títere de otros. ¿De quién? Del ex dictador Carlos Ibáñez del Campo, Herrera cayó preso, pero el “Caballo” Ibáñez se arrancó, con la cola entre las piernas, a la Argentina. Días después, cayeron una serie de sospechosos vinculados a la derecha, todos encarcelados o relegados. El gobierno masón y comefraile de Aguirre Cerda no tuvo empachos en detener hasta a un sacerdote muy cercano a Ibáñez.

Durante el mismo día del ridículo golpecito se reunió una multitud frente al Palacio de Toesca. “Todo Chile con Aguirre” era el estribillo coreado por 200 mil almas. “La Democracia se ha salvado”, diría don Tinto. “Las instituciones funcionan”, se diría hoy día.

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