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martes, 15 de diciembre de 2009

LA CONVENCIÓN DE 1910

Ellos no fueron los candidatos, ni participaron en la convención

A mediados de 1910, luego de ser sepultados don Pedro Montt y Elías Fernández Albano - en un año en que Chile tuvo tres presidentes, dos de los cuales murieron en la cargo- (ver aqui) . Se debía realizar elecciones presidenciales, en el cual cada liberal encopetado se consideraba aspirante al sillón presidencial, tanto que llegó a hacerse una lista de... 50 candidatos.

Así que en medio de las alegres fiestas del centenario, que ayudaron a espantar el duelo, vino la convención de la Alianza que elegiría el candidato presidencial, y que, de acuerdo a la baraja electoral, sería el futuro Presidente.

Agustín Edwards Mc-Clure piensa que ha llegado su hora. Pero también Juan Luis Sanfuentes, hábil caudillo que durante 40 años fuera el árbitro de la política chilena, prácticamente todo el período de la República Parlamentaria. Lo curioso es que nunca pronunció un discurso.

En la convención, los liberales proponen a Sanfuentes y los nacionales a Edwards. Aunque en buenas cuentas, los conservadores (llámese nacionales) y los liberales bien poco se diferenciaban entre ellos, salvo que los primeros eran laicos administrados por la iglesia. En cambio, los conservadores iban a misa a las once, los liberales, salvo algunas excepciones, iban a las doce.

Para Edwards, su personalidad representaba un peligro: podía acometer una reforma del régimen oligárquico, modernizándolo peligrosamente. Ya lo había intentado atajar negándole la vicepresidencia.

El juego de Sanfuentes era hacer un pacto con Edwards, de modo de cederse sus fuerzas si uno alcanzaba una ligera mayoría, no la suficiente, para ser proclamado. Pero al mismo tiempo Sanfuentes sellaba una alianza con Javier Ángel Figueroa para destrozar a Edwards. Conseguido esto, habría una recíproca cesión de fuerzas a quien se adelantara.

Edwards comienza ganando, pero un triunfo a lo Pirro, pues no alcanza la mayoría requerida (60%). La votación se estanca, y la candidatura de Agustín muere. Se viene el desquite de Edwards. Al comprobar el ardid, los suyos le dan entonces los votos la radical Enrique Mac-Iver, que preside la convención. Cuando los demócratas también decide darle sus votos al caudillo, se teme que éste pueda ser el vencedor, lo que sería una burla. Desesperadamente, Sanfuentes y Figueroa resuelven levantar a Ramón Barros Luco, que encabezara el levantamiento de 1891.

La nueva opción se empina sobre los 76 años y vaticinan que "no pasa otro invierno", convencidos que al año siguiente vendrá una nueva convención. Sanfuentes aceitará entonces su máquina y llegará a La Moneda. Pero esto sólo lo obtendrá en 1915, (cinco años después y derrotando a quien fue su aliado en esta convención) pues Barros Luco los decepciona y no se muere pronto, faltando al compromiso que se suponía.

En cambio, Edwards queda fuera para siempre. Se le siguen dando embajadas y hasta ministerios, pero la Presidencia jamás.

sábado, 14 de noviembre de 2009

MANDATARIO BURLÓN

El presidente Federico Errázuriz Echaurren tenía una fama de burlón y sobre todo por los apodos que ponía a los políticos. A un senador que no olía bien lo bautizó como "Lord Atkinson", aludiendo irónicamente al agua de colonia; a Elías Fernández Albano, que lo reemplazaría al enfermarse, el "Canciller de plomo"; a Pedro Montt, de semblante adusto y figura poco elegante, "el Cochero de las pompas fúnebres"; a su ministro de hacienda, Rafael Sotomayor, corto de talle y extremidades y que nunca se sacaba el chaqué (especie de vestón de etiqueta, que en la parte de atrás terminaba en dos faldones), "el buey rabón".

Un elector suyo, interesado en ganarse unas propuestas de agua potable, le telegrafió preguntándole que había con el asunto del agua, y él respondió “Ni agua”.

jueves, 10 de septiembre de 2009

LA MALDICIÓN DEL CENTENARIO

Desde comienzos del siglo XX, Chile se aprestaba a celebrar el centenario de la independencia con una serie de fiestas e inauguraciones, a las que habían sido invitadas diferentes delegaciones de todo el mundo. Sin embargo, una serie de hechos trágicos comenzaron a enlutar la celebración.
Los costos de la celebración aumentaban rápidamente: por ejemplo, el presupuesto del Museo de Bellas Artes, uno de los edificios simbólicos del centenario, había pasado de $495.310 de la época a $22.100.000 hacia 1905. En 1906, un fuerte terremoto asoló el puerto de Valparaíso. Ante la necesidad de reconstruir el puerto, muchas personas solicitaron la suspensión de la costosa celebración, sin embargo, el Senado se pronunciaría y mantendría los planes del gobierno. En tanto, el país entraba en una crisis económica y los ingresos provenientes del salitre no eran suficientes para costear el oneroso centenario. El descontento en la población aumentó y se produjeron diversas protestas y huelgas, destacando la matanza de Santa María de Iquique en 1907.

Sin embargo, la tragedia no terminaría allí. En 1906, Pedro Montt asumió la Presidencia con la convicción de ser el protagonista de las festividades. Sin embargo, la arteriosclerosis lo debilitaba cada vez más. Meses antes de la fecha esperada, Montt viajó a Alemania para tratar su enfermedad. Tras solicitar la renuncia de su ministro del Interior, Agustín Edwards McClure, invistió en dicho cargo a Elías Fernández Albano, quien lo subrogaría mientras estuviera ausente. Tras un largo viaje, Montt llegó a Bremen, donde fallecería el 16 de agosto. Fernández Albano presidiría el funeral del mandatario, 10 días después.

Cada vez quedaba menos para la celebración del centenario y la muerte del Presidente Montt había enlutado las festividades. Sin embargo, el 6 de septiembre la situación empeoraría con la repentina muerte de Fernández Albano producto de un resfrío. A doce días del aniversario de la independencia y con cientos de personas provenientes de diversas partes del orbe, el país se quedaba sin jefe de Estado. Debido a que la Constitución no especificaba claramente el orden de precedencia entre los Ministros de Estado, pues señala que debía asumir como vicepresidente el "Ministro del Despacho más antiguo", dos eran consideradas como posibles nuevos vicepresidentes: Luis Izquierdo y Emiliano Figueroa. El problema fue resuelto en el sentido que la antigüedad se refería a la fecha de juramento en el cargo de Ministro y no a la época de creación del respectivo Ministerio. Así fue designado Figueroa, que además era un hombre de mundo y la persona más apropiada para recibir a las delegaciones oficiales, liderando la triste conmemoración, el 18 de septiembre de 1910.